La dieta sana

la_dieta_sana005018“Todo lo que nos gusta es ilegal, es inmoral o engorda…” rezaba una canción. Dejando aparte aspectos legales y éticos y ciñéndonos a la alimentación, una dieta sana no tiene que ser escasa, triste, aburrida, insípida o vulgar.

Si bien es cierto que elementos como la grasa proporcionan jugosidad a los alimentos, no es menos cierto que los hábitos juegan un papel fundamental en las preferencias.

Puede ser un placer para un niño subir a un árbol, coger una fruta y comerla, mientras que esa misma fruta se rechaza (hay que pelarla) si disponemos de otra alternativa más “fácil” para el postre o la merienda.

Nuestro paladar se ha acostumbrado al sabor de cierto tipo de comidas, fáciles de ingerir y más fáciles de conseguir.

Muchas de ellas están especialmente diseñadas para atraer el gusto de las personas y no precisamente pensando en su salud. Pero eso no significa que no pueda llevarse a cabo una reeducación de ese gusto y aprender a disfrutar también de otro tipo de alimentos, o al menos cambiar voluntariamente los hábitos para encontrar un equilibrio, sin renunciar a esos pequeños placeres. Para eso lo primero que necesitamos es conocimiento y luego voluntad.